Les cuento entonces que esa piedra principal, en el caso de mi abuela, tenía dos “piedras de moler”: una en el mesón pa’ aliños y aplastar los plátanos, y en ella misma moler los cuchillos, que es la principal del hogar en la zona de la cocina algunas libres, otras como la de mi casa, incrustada en el mesón que ven aquí abajo el mesón hoy es de aluminio y aun se conservan juntan.
Me hubiera gustado preguntarle a mi abuela sobre esta piedra, su origen y procedencia, cómo se presentaba y cómo tomó la decisión de incrustarla en un mesón de cemento con su respectiva piedra pa’ moler.La segunda, en el patio, una gigante cóncava, despuntada seguramente en algún transporte o caída, con una forma de lágrima y con una piedra acompañante también negra y más redonda, como hecha para la formación cóncava; recuerdo que era para moler grandes cantidades de plantas pa’ baño de plantas medicinales, como matarratón, según recuerdo, y para moler pal’ sauco.En algunas casas me encontré piedras para otras labores directas, pero en especial fueron heredadas de generación en generación, y sus usos son propios de saberes vistos desde niño por a quien se la heredan.Denle una leída al libro del Profesor Sergio A. Mosquera, Son de Allá, de Muntú Bantú en Quibdó, Chocó.