Triganá, un paraíso chocoano entre la selva y el mar

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Este destino invita a descansar en comunión con la naturaleza. Ofrece actividades ecológicas. 

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La solitaria playa de Triganá, de arena dorada y bañada por el mar Caribe, está rodeada por una espesa y verde jungla.

Triganá es un destino exuberante. Bien lo deja claro, a primera vista, el contraste entre el azul del mar y el verdor de la selva.

Es un corregimiento del municipio de Acandí, que pertenece al departamento del Chocó, en el golfo de Urabá. Está bañado por el mar Caribe y lo escolta la espesa selva del Darién, el segundo pulmón de América.

La jungla no deja otra opción de llegada para los turistas que la vía marítima. Desde Acandí, el recorrido en lancha se toma 30 minutos, y desde Turbo, Antioquia –un puerto más grande y cómodo–, se tarda un poco más de una hora.

La opción más sencilla es viajar en el catamarán, que soporta olas de gran magnitud. La embarcación, operada por Ecoviajes Darién, tiene capacidad para 70 personas y se desplaza hasta cuatro veces a la semana desde Turbo.

También se puede llegar en lancha. Desde las principales ciudades de Colombia se arriba a Urabá por vía aérea o terrestre. Por carretera, desde Medellín, el recorrido tarda ocho horas.

Acandí es un naciente destino turístico que le quiere seguir los pasos a su vecina Capurganá –más al norte y muy cerca de Panamá–, ya consolidada como una de las playas más turísticas de Chocó. No obstante, es una playa pequeña, de casi medio kilómetro, y está aislada de las poblaciones más cercanas. En su máxima ocupación, Triganá puede albergar hasta 300 turistas, mientras que Carpurganá tiene oferta hasta para 2.000.

Al desembarcar, el visitante se encuentra con la fina arena dorada y la humedad de la selva. Además de los días de playa, este destino ofrece otras actividades, como las caminatas ecológicas.

A 20 minutos de la bahía, por caminos campestres, empieza la comunión con la selva. Se asoman los ríos y se aprecia la biodiversidad de la zona, que asombra con frutos exóticos, canto de pájaros y, con un poco de suerte, se pueden ver osos perezosos que se mueven entre las copas de los árboles. Después de la caminata se llega a los pies de la Reserva Natural Sasardí y aquí se puede disfrutar de caídas de agua y una piscina natural.

Otra de las caminatas, que toma casi media hora, se hace a una aislada playa en la que desemboca el río Ciego, un afluente que en verano se queda a mitad de camino en la playa y no alcanza a verter sus aguas en el Caribe. Así, se forma una pequeña laguna en la que los turistas pueden sumergirse después de salir del mar.

Triganá es un destino para descansar y desconectarse del resto del mundo, ya que difícilmente llega la señal de celular y el wifi es escaso. No hay rumba ni mucha vida social. La tranquilidad del entorno lo hace un lugar romántico, ideal para compartir en pareja o para ir en familia. Un lugar ajeno del turismo masivo.

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El nuevo hotel Nautilos Triganá.

Un nuevo hotel

A finales de noviembre abrió sus puertas el hotel ecológico Nautilos Triganá, el de mayor capacidad del destino, ya que puede albergar hasta a 70 personas.

Diecinueve habitaciones tipo cabaña rodean un lago central en el que abundan los lagartos y las ranas resguardadas entre las flores de loto. Las habitaciones tienen vista a la bahía o al jardín, y están dotadas de camas dobles o sencillas, ventilador y baño.

El lugar también tiene piscina y un acuario natural en el que se ve nadar a un pequeño tiburón.

DIANA SOFÍA VILLA
Especial para EL TIEMPO

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