El Mejor Clarinetero del Chocó

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100 años de Haber Nacido  

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Antero Agualimpia Mosquera

Fue músico, compositor y maestro chocoanoEl mejor clarinetero y compositor chocoano 

ANTERO AGUALIMPIA MOSQUERA (1914-1979)

Nació en La Esperanza, Condoto (Chocó), el 4 de mayo de 1914, hijo del matrimonio conformado por Angelino Agualimpia y María Mosquera.

De muchacho descubrió que había llegado a Condoto un maestro valluno de apellido Cáceres, aficionado a la música, fue en su búsqueda y a las primeras de cambio, el maestro descubrió que el joven tenía madera de músico.

Tan rápido asimiló los rudimentos y secretos del arte musical que enterado el intendente del Chocó doctor: Adán Arriaga Andrade, lo invitó a que hiciera una demostración de sus habilidades en presencia del Presidente Alfonso López Pumarejo (1936) quien en esos días visitaba el Chocó.

Entusiasmado el intendente por la magnífica actuación de condoteño, le obsequió un clarinete moderno que lo acompañaría por muchos años en sus giras por los ríos de su terruño, en las aulas de la Universidad Nacional y en los salones y teatros de no pocos escenarios internacionales.

Hacia 1940 se traslada a Bogotá. Allí ingresa a estudiar en el conservatorio de música, que le concede el titulo de Músico Concertista. Es llamado a formar parte de la banda presidencial, hasta que un día, desoyendo los consejos de su compañero de estudios Abraham Rentería, deja el elegante uniforme, abandona la batuta, se quita el corbatín y se viene de nuevo al Chocó en busca de las joyas folclóricas que no encuentra en la fría altiplanicie.

Aquí con sus pitidos sonoros, a veces epilépticos de su clarinete, recorre ríos y va de pueblo en pueblo enloqueciendo a las parejas con su pasillo “Carmelita” o “Angelino”, compuesto en honor a su padre.

Con “Guachupecito” o “Matica de albahaca”, “Si te lo pido no me lo das”, “Muchacha de Guayabal”. Por esta época compuso el pasillo “Correntón”, inspirado en una corriente del río Condoto que pasaba al frente de su casa en la finca La Esperanza. Con su clarinete imitaba los sonidos del agua, como lo hizo un famoso músico europeo con los Bosques de Viena.

Se internó durante dos años en la selva de Munguidó, hasta que una tía suya en 1957, enterada de la vida que llevaba su sobrino, lo sacó a punta de ruegos. Al puerto “Platanero” llegó sin zapatos, con un chingo de calzones, con el clarinete partido y con una barba precanosa que le cubría el rostro.

Ahora sí (1967) con ese acopio de datos y experiencias, de tradiciones, consejas, dichos y coplas que había recibido de esos viejos negros de nuestros ríos. regresa a Bogotá. Se vincula activamente al conjunto de René Orozco, y al conjunto de danzas y cantos folclóricos en la Universidad Nacional. con los cuales obtiene resonantes triunfos a nivel nacional e internacional, como en el Primer Festival Latinoamericano de la Canción Universitaria en Santiago de Chile con “Tío Guachupecito”, en la olimpiada cultural de México en 1968, en el concurso Polímeros Colombianos de Medellín en 1972, el Festival de Estudiantes en Mérida, Venezuela 1967, la Feria Internacional de San Cristóbal, Venezuela. En ese tiempo compuso canciones famosas como “Recoveco” (pasillo), “Las tres de la mañana” (porro), “Chachita cachona”, “Alma sanjuanera”, etc.

Fueron diez años de intenso y agotador trabajo, de 1967 a 1977. En este año disminuye su actividad debido a quebrantos de salud, y finalmente fallece en Bogotá el 16 de diciembre de 1979.

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