De Bojayá a las pasarelas de Milán

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Su vestuario es una oda al país, pero sobre todo al Chocó.

“Salimos de Bojayá cuando yo tenía trece años6 por el conflicto armado”, me dijo Cléiner Cabadías, diseñadora de modas de Bojayá, Chocó, cuando la llamé por teléfono. Hoy en día, es una diseñadora de modas empírica que está a punto de mostrar sus diseños en la Semana de la Moda de Milán, Italia, y cuyos diseños han participado ya en diferentes eventos de pasarela del país.

Cléiner nació en Mesopotamia, un corregimiento de Bojayá. Cuando le pregunté sobre su desplazamiento, me dijo que ese era un lugar muy difícil para vivir: “veíamos cómo se mataba la gente, daba mucho miedo”. Por eso, en busca de un mejor futuro, se llevaron las pocas pertenencias que podían cargar y emprendieron un viaje hacia Quibdó, la capital del departamento. Entre esas pertenencias lo único que no podía faltar: una máquina para coser.

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Su mamá cocía, ella fue la que le enseñó. Y fue así que empezaron a montar pequeños negocios en el barrio de la ciudad mientras se estabilizaban económicamente. Clénier, con 15 años, ya ayudaba a su mamá con el negocio y empezaba a entender el mundo textil. Así aprendió poco a poco a unir telas, a sentirlas y emprendió una fascinación por la costura que la motivó a aprender de manera empírica a diseñar. Empezó con los vestidos de sus amigas del colegio y poco a poco el voz a voz hizo que la empresa familiar creciera rápidamente y diseñara unos propios.

Con ellos, quiso retomar las raíces colombianas y empezó a dibujar diseños de flora y fauna. Se fue para Medellín y decidió mostrar lo que había creado en una pasarela llamada Univentas. Esa fue la primera vez que se hicieron conocer y así se fue formando su microempresa llamada como ella: Cléiner Cabadías.

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Fue allí que empezó a trabajar con comunidades indígenas Kuna y Embera, con las cuales empezó un diálogo para visibilizarlas por medio de sus tejidos. “Quiero visibilizar mi departamento”, afirma. Por eso Cléiner compra parte de los insumos a los indígenas directamente y, además, se ha enfocado en ayudar a comunidades víctimas del conflicto para que trabajen en su taller, que se encuentra en Quibdó.

Con sus diseños de molas ha hecho vestidos, carteras, zapatos y accesorios que han llegado a diferentes pasarelas del país y próximamente se presentarán en más países del mundo. “Las molas representan todo: lo mestizo, los colores, la naturaleza que nos rodea en Colombia: todo está plasmado en esos diseños”, afirma.

Por eso su vestuario es una oda al país, pero sobre todo al Chocó: “Toda la riqueza cultural de un pueblo tiene que ser mostrada, tenemos que volver a lo natural y a lo artesanal”, concluye.

Tomado : vice

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