Artistas del Pacífico componen canción para honrar a los ríos

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Durante diez días 30 artistas de diferentes lugares del Pacífico colombiano se dieron cita en San Cipriano, Valle del Cauca. Juntos crearon canciones, produjeron videos y un disco que une su cultura con la conservación del medio ambiente. Este relato revive la experiencia de estas jornadas.

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A un costado de la carrilera que lleva a San Cipriano, un rincón de la selva pacífica está Los ‘Tambores del Tolo’, una agrupación de ocho integrantes, que traen marimba, bombos, cununos y guasás.

Llegaron de Peñaloza, un  corregimiento situado en el Darién chocoano, cerca del Caribe. Dicen que se reunieron a tocar músicas tradicionales hace sólo unos meses cuando llegaron por primera vez a su comunidad los instrumentos desde Tumaco.

Junto a ellos aparecen otras veinte personas de consejos comunitarios y cabildos indígenas del Pacífico. Hay músicos, productores, poetisas, cantantes, profesores de arte, gestores culturales y artesanos.

Acuden a la residencia artística Paisajes Sonoros que tomará diez días. La propuesta del encuentro es intercambiar ideas, discutir procesos y experimentar alrededor de la música, el arte y la conservación del medio ambiente. Aunque hay módulos de trabajo diferentes –producción musical, gestión cultural, realización audiovisual–, la misión general está establecida: grabar un disco, rodar un videoclip y presentar un corto documental sobre estas jornadas de reciprocidad y conocimiento compartido.

Cenen Hurtado vino de Buenaventura. Es marimbero, percusionista, lutier y compositor. En sus manos carga un bajo y una marimba de chonta hecha por él mismo. Cuenta que lo invitaron a la residencia y no dudó un solo instante en asistir. Su tarea es puntual. Debe orientar a ‘Los Tambores del Tolo’, enseñarles algunos secretos que aprendió de viejos maestros en el puerto y abrir para ellos esa caja de ritmos cautivantes del litoral: bundes, currulaos, patacorres y jugas.

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Cortesía Fondo Acción

El día que llega a la sede de la Fundación San Cipriano, el punto donde se llevan a cabo las actividades, pide, por favor, que el grupo ‘suene’ parte del repertorio que sabe. Los ‘Tambores’, entonces, aprontan un currulao… Pero él interrumpe de entrada y dice que es preciso, antes que nada, afinar los tambores.

Como ninguno del grupo tiene la ‘maña’, él toma los instrumentos en sus manos y explica detalladamente cuál es el método, cómo se amarran las cuerdas y se templan los cueros. También aprovecha para contar la historia de cómo aprendió a fabricar instrumentos. Entretanto la banda, conformada por mujeres, hombres y niños, observa y escucha, cautivada por las maniobras y el sonido renovado de los cueros.

Cenen tiene 28 años, la gran mayoría dedicados a la música tradicional del Pacífico. Prueba de ellos son las numerosas participaciones en el Festival de Música Petronio Álvarez, donde obtuvo los premios al mejor grupo de marimba, al mejor arreglo y a la mejor canción inédita. Estos días en Paisajes Sonoros vuelve a las raíces. Explica los ritmos, marca los tiempos, enseña estructuras musicales y pone a ‘Los Tambores del Tolo’ a sonar sabroso.

Del Pacífico musical

La sede de la Fundación San Cipriano queda ubicada frente a una cancha de fútbol que permanece anegada por cuenta de los aguaceros. Está cercada de árboles y bejucos, y tiene en sus bordes una quebradita murmurante en la que se ven peces de colores. ‘Reserva Forestal protectora de los ríos Escalarete y San Cipriano, declarada como tal en 1979’, dice una pancarta apostada en un rincón.

En uno de los salones está Nidia Góngora, una mujer portentosa, heredera de cantos y alabaos, que dejó de lado sus compromisos profesionales para sumarse a la residencia artística. Ahora tiene puestos uno audífonos y escucha el bunde Yo a ti te canto, que grabaron en la mañana Cenen Hurtado y ‘Los Tambores del Tolo’.

Frente a ella está Mónica Palacio, una indígena de rasgos marcados que viajó desde su cabildo en Mutatá, donde es profesora de canto. También luce unos audífonos y espera el turno para entonar los versos en lengua embera.

Nidia es hoy una de las voces más célebres y respetadas del Pacífico. Nació y creció en Timbiquí, Cauca, y luego se fue a Cali, donde participó innumerables veces del ‘Petronio’ y definió su vocación de cantante. Ha interpretado canciones de la tradición regional en diversos escenarios y en países tan distantes como México, Croacia y Japón.

Además, ha mixturado las cadencias del Pacífico con otros ritmos del mundo, proyectando los sonidos que aprendió de niña.

Mónica Palacio tiene otra historia. Viene de Jaikerazabi, el territorio donde se asentaron diferentes cabildos indígenas tras ser desplazados de sus lugares originales en la Serranía del Abibe. Allí es profesora y enseña a los niños canciones que, como ella dice, parecen condenadas a la extinción, pues sólo quedan algunos viejos, ya muy viejos, que musitan las letras a capela y a duras penas.

Ver el cuadro de la mujer afro y la indígena, observar sus bailes espontáneos y escuchar las estrofas en dialecto indígena y español es memorable. ¡Cuánto contraste! ¡Y cuánto encanto!

La canción no sólo formará parte del disco, sino que fue seleccionada para rodar el videoclip. El encargado de grabarla es Diego Gómez, productor del sello discográfico Llorona Records, que llegó de Bogotá para sumarse al proyecto y enseñar los secretos de la producción a Maicol Garrido y Diego Valencia, que vienen de Tumaco.

Las jornadas de trabajo se extienden desde la mañana hasta las horas finales de la tarde, pero siempre hay tiempo para sentarse a hablar y escuchar historias de comunidades desconocidas para la gran mayoría: Bajito Vaquería, Sivirú,
Domingodó y Bajo Calima.

Sobre los sonidos y los paisajes

Para comprender el valor y el sentido de una residencia como estas es preciso advertir la logística que hay detrás. Paisajes Sonoros reunió a más de 30 personas de comunidades rurales alejadas del centro, de cabeceras municipales ya de por sí distantes: Tumaco, Pizarro, Carmen del Darién, Acandí, Mutatá.

Algunos de los participantes debieron tomar lancha, moto, carro y avión para llegar a Cali. Luego tomar un bus hasta Córdoba, vereda de Buenaventura, y finalmente atravesar un trecho de floresta a bordo de las llamadas ‘brujitas’ –una suerte de plataformas hechas en madera y tubos, soportadas en balineras y empujadas por motocicletas a través de una antigua carrilera–.

En el trasfondo del encuentro hay un largo proceso de talleres y asesorías en temas de gobernabilidad, proyectos productivos, arte y cultura.

La región del Pacífico es considerada una de las diez zonas más biodiversas del planeta. Colombia, a lo largo del tiempo, ha encontrado en su vasta geografía una cantera de recursos como la madera, la palma, la pesca, el banano y el oro. Las disputas por el control nunca ha faltado y no son pocas las historias de muerte que cuentan quienes asisten
a la residencia.

Fondo Acción tiene a cargo los programas para la conservación de bosques tropicales y trabaja con las comunidades para frenar la deforestación y encontrar alternativas sostenibles de crecimiento.

 

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